sábado, 3 de octubre de 2009

Carne

La copa de vino gira sobre sí misma. El liquido rojo forma remolinos que se mueven cual la tempestad en un oscuro mar de sangre, semejante a un pasaje bíblico. La imagen es poética. La carne también. El plato acaba de llegar, la carne de oscura piel bañada en su propio líquido, más claro que el vino, invita a la saliva a escaparse de mi boca. A mi lado izquierdo ponen el plato de costillas de cerdo para el tipo que fue al baño, y a Ella, a mi derecha, le sirven su trucha al ajillo. El aroma del plato sube como el vapor y juguetea en mis narices. Me muero por darle un bocado pero no a todos les llego su plato así que por educación me resisto a la tentación carnal. Una de sus amigas me pregunta algo pero, claro, no le presto atención.

-Oye- me dice Ella,- te pregunta cuánto te falta.
-Ah, un año más- respondo instintivamente.
-Entonces no falta mucho- dice la amiga- que bien, pronto vas a sentirte un hombre totalmente nuevo, este año de diferencia lo es todo. ¿Vos ya pensaste en que vas a trabajar o especializarte?

Supongo que esperaba una respuesta pero no se la di. Igual no importa, en esta mesa mis palabras tienen menos peso que el aire a nuestro alrededor. “Estudia ingeniería” le dice Ella, su amiga solo lanza una exclamación de comprensión y desconcierto y pone una cara entre despectiva y cohibida. La charla en general se va mermando mientras los platos llenan la mesa. Antes de empezar a comer uno de ellos se para y les pide a todos que levanten sus copas. Dice unas cuantas palabras y termina con un “muchos éxitos a todos”, frase de la que no me sentí aludido. Todo mundo comenta que esta es la mejor para celebrar una titulación, una gran cena con toda la promoción, cosa que no es muy difícil para los únicos 17 graduados de filosofía y letras y unas cuantas desafortunadas parejas. Los platos terminan de llegar y ahora todos a comer.

Tomo un poco de agua para lavarme el vino de mi boca y tener el paladar limpio cuando me dispongo a arremeter al pedazo de cuadril que llena mi plato. Un ovalo blanco de mármol con bordes azules y líneas doradas alrededor de estos, detalles que pierden sentido cuando la gula manda por encima del cerebro. Con la mirada fija en el plato me olvido de toda la gente alrededor, nadie vale la pena en realidad. Todo alrededor desaparece mientras hundo el cuchillo en esa carne rosada por dentro, jugosa y tierna, tanto que al posarla sobre mi boca toda la saliva se arremolina de repente. Tengo que comer lentamente y a veces cerrar los ojos, la mejor carne que he probado. Poco a poco las charlas vuelven a fluir. Escucho por ahí alguien decir “Se ha escrito mucho sobre páginas en blanco, hasta lega a ser trillado”. Temas sin relevancia, sin importancia, sin razón comparativa frente a lo que tengo ocupando mi atención. Me llevo uno de los últimos bocados a la boca llenándola de satisfacción y dejando un vacio en el plato. La gente termina de comer también y empiezan a ordenar algunas bebidas. Yo todavía tengo una copa de vino llena pero Ella pide otra botella, esto se va a alargar.

Yo voy al baño un rato y me encuentro con uno de los acompañantes que se lava las manos al tiempo que yo entro. Le aviso que su plato está servido, este me agradece y sigue lavándose las manos. Yo voy a descargar la buena cantidad de vino que me ayuda a pasar la noche y mientras lo hago escucho el agua seguir fluyendo. Cuando termino y me dirijo al lavamanos veo que el tipo recién empieza a secarse las manos frenéticamente. El nota mi desconcierto y me dice simplemente “treinta y tres veces”, dobla cuidadosamente los restos de la toalla de papel y la coloca con delicadeza en el basurero, después se va. Desde que lo vi note su cara de loco. Después de lavarme las manos vuelvo a mi asiento, a mi lado el loco le habla a su pareja, intentando seguro escapar del lugar. Al sentarme Ella ya me advierte que la está pasando bien y quiere quedarse un rato más. Yo asiento con la cabeza como autómata programado y ella me da un pequeño mordisco en la oreja a modo de cariño. A mí no me gusta y me aparto de golpe. No soporto sus pequeñas manías, sus bromas estúpidas, sus tontas charlas con sus amigas sobre hipotéticas soluciones a los problemas de la humanidad o sobre la evolución y decadencia del hombre que se olvidan instantáneamente al aparecer una nueva cartera de marca. Me cuesta aguantarla en general. Veo algunas parejas empezar a marcharse, se despiden cariñosamente y se van. Poco a poco la mesa se va vaciando y quedamos solo 6 o 7 personas sentados. Aun así llegan más botellas de vino y una de whisky. Ella me mira como consultándome algo, yo solo asiento con la cabeza. El tipo de mi izquierda mira desesperado alrededor y suplicante a su pareja, presiente el peligro. Al parecer el dinero no es problema, la segunda botella de whisky llega en poco tiempo y los vinos terminan de consumirse entre risas y recuerdos de los que quedan. Como no es problema el dinero decido pedir otro plato de la mejor carne del mundo, el loco de mi izquierda me mira extrañado, con desesperación en su mirada. Sé que esto es para largo y que yo desde que llegue me aburrí, pero no importa. En esta cena, igual que con Ella, solo me importa la carne.

jueves, 1 de octubre de 2009

La segundita

Ahí voy por segunda vez. Hace como un año ya viví esto, así que ya me es familiar, no por eso más fácil. Espero que esta vez sea diferente, la ultima vez cai Derrotado. La anterior vez me partia la cabeza contra la pared sumamente seguro de que la podia romper. Ahora creo que lo hago por gusto. De todas formas lo intento, creo que solo me queda una pregunta. ¿Donde mierda esta el norte? Pero bueno, eso es algo que responderé en el camino, solo me queda partir. ¡Se viene la segundita!